Fuerzas Especiales En La Guerra de Malvinas
El conflicto del Atlántico Sur ha brindado lecciones
importantes para las Fuerzas Armadas no sólo de las naciones beligerantes, sino
para los militares de cualquier nación que mantiene una fuerza moderna. Una de
esas lecciones se relaciona con el empleo adecuado de las Fuerzas Especiales,
cuyo papel en dicho conflicto resultó ser de gran importancia por cuanto le
permitió al Ejército argentino salvar vidas y lograr significantes victorias
tácticas sobre la fuerza británica. El autor expone el accionar de estas tropas
en las islas Malvinas, en un artículo que en sí constituye un argumento
contundente por la creación y mantenimiento de un fuerte componente especial en
toda fuerza militar.
"Los cuadros y tropas en tierra también actuaron
estupendamente. Buena, muy buena artillería y muy buena también las posiciones
de ametralladoras, determinadas a quedarse hasta agotar totalmente la
resistencia. Tal es así que, en algunos casos, los argentinos tuvieron que ser
prácticamente arrancados de sus puestos, a los que se aferraban como una ostra
a su concha".
General de
Brigada Jeremy Moore
Comandante de
las Fuerzas Terrestres Británicas en la Guerra de las Malvinas
Orígen y propósito de las Fuerzas Especiales
LAS FUERZAS
Especiales surgieron de la necesidad de complementar las operaciones militares,
mediante acciones de carácter particular que apoyasen el esfuerzo principal.
Las misiones más comunes que se encomiendan a este
tipo de tropas son: obtener información; atacar líneas de comunicación y
abastecimientos; atacar sistemas de comando, control y comunicaciones del
enemigo; eliminar o capturar objetivos de gran trascendencia, incluyendo
líderes militares enemigos y recuperar personal propio.
Los "Rangers"
El empleo de este tipo de tropas, puede rastrearse a
lo largo de la historia militar.
En la segunda mitad del siglo XVIII, durante el
conflicto que mantuvieron las fuerzas francesas y británicas en América del
Norte, hizo su aparición entre las filas inglesas un nuevo tipo de fuerza.
Ésta estaba constituida por colonos, mayormente
tramperos, que cazaban sus presas en los espesos bosques de la región.
Estas tropas especiales se organizaron y denominaron
"Comandos". Eran capaces de efectuar profundas incursiones en el
territorio francés, sin necesidad de contar con un apoyo logístico que
restringiera su libertad de acción.
Los "Rangers" emprendieron verdaderas
operaciones de castigo sobre las naciones indias que apoyaban el esfuerzo
bélico francés, así como emboscadas a las columnas de abastecimiento y
guarniciones aisladas.
Estos colonos podían marchar largas distancias por los
espesos bosques y sobrevivir con lo obtenido de la caza. Sin embargo, los
comandantes británicos miraban con cierto recelo estas tropas especiales, cuyos
métodos se asemejaban mucho a los de los indígenas, tanto en habilidad para
combatir, como en barbarie.
Los "Rangers" se caracterizaban por su
habilidad de abrir fuego individual con la mortífera puntería propia del
cazador, desde posiciones cubiertas, aprovechando los frondosos bosques de la
región. Durante la Guerra de la Independencia Americana, los británicos
comprobarían la efectividad de este procedimiento cuando se empleaba contra las
cerradas columnas británicas desplazándose por los estrechos caminos
flanqueados de bosques.
Los "Comandos"
A fines del Siglo XIX y principios del actual,
Sudáfrica se vio envuelta en el conflicto que se conoce como la Guerra
Anglo-Bóer. Los bóers, descendientes de los primitivos habitantes holandeses de
El Cabo, eran diestros jinetes y hábiles tiradores.
Para enfrentar a las superiores y bien equipadas
fuerzas de Su Majestad, organizaron grupos montados de reducido tamaño, veloces
en su desplazamiento y desprovistos de todo impedimento logístico.
Estos grupos efectuaron profundas penetraciones,
hostigando las columnas británicas y pequeñas guarniciones.
La sorpresa y la emboscada, así como su mortífera
puntería con los excelentes fusiles Mauser, se
transformaron en una pesadilla para las tropas inglesas, particularmente para
las encargadas de transportar suministros.
Los bóers fueron hábiles conocedores del terreno, y
con sus rápidos movimientos, se transformaron en un insidioso enemigo que
obligaba a los británicos a prestar fuertes escoltas a sus columnas de
vituallas.
La amenaza que significaban estas partidas integradas
por los granjeros bóers, llevó incluso a los británicos a desarrollar trenes de
carreteras blindados.
Estos precursores de los tanques, consistían en un
tractor de vapor que traccionaban uno o más carruajes protegidos por blindajes.
Fuerzas Especiales durante la Segunda Guerra Mundial
En este conflicto las tropas especiales, y
particularmente los "Comandos" se constituyen en un importante apoyo
complementario al esfuerzo principal. Una vez derrotada Francia por el
impetuoso ataque alemán, y con una Gran Bretaña restañando los efectos de la
acelerada evacuación de Dunkerque, las fuerzas del III Reich mantenían un
absoluto control de la iniciativa.
El gobierno británico, encabezado por su Primer
Ministro Sir Winston Churchill, trataban el modo de retomar algún tipo de
acción ofensiva que asestara golpes a la hasta entonces invencible maquinaria
bélica germana. La respuesta fue la creación de una fuerza de tropas
especiales, cuyas acciones se basasen en la sorpresa y velocidad, capaces de efectuar operaciones en zonas ocupadas por el enemigo,
especialmente su retaguardia, y particularmente en la costa norte de Francia y
África del Norte. Para designar a este tipo de tropa se seleccionó el nombre de
"Comandos", tomado de las ágiles partidas de la caballería bóer.
Una de las más espectaculares acciones que efectuaron
estas tropas especiales, fue la protagonizada por los Royal Marines,
quiénes en 1942 montaron una operación para impedir el uso del gran dique seco
de Saint-Nazaire por los grandes navíos alemanes, particularmente el acorazado Tirpitz,
gemelo del malogrado Bismarck.
Esta operación consistía en ingresar sorpresivamente
al puerto con un destructor de la I GM, el HMS Campbeltown, con su proa
cargada de alto explosivo, para embestir la compuerta del dique y producir su
demolición. La acción sería acompañada con un desembarco de comandos para
destruir las instalaciones portuarias e impedir su uso como apoyo a las
operaciones de la Kriegmarine.
El viejo destructor alcanzó su objetivo, pese a la
violenta reacción de la defensa alemana que capturó o aniquiló la fuerza
comando, ya que un mecanismo de la relojería detonó la carga en el momento en
que los alemanes revisaban el buque con la intención de retirarlo destruyendo
por completo la compuerta e inutilizando el dique.
Los "Comandos" lograron así su objetivo,
aunque a un alto precio. Otra operación de renombre fue el frustrado intento de
asesinar al Mariscal de Campo Erwin Rommel.
El "Zorro del Desierto" burló a sus
victimarios pues no se encontraba donde ellos esperaban. Las fuerzas del Eje
emplearon tropas especiales en operaciones tan o más espectaculares que las
británicas.
Basta recordar la gran hazaña de los paracaidistas del
General Kurt Student, que tomaron la fortaleza de Eben Emael, el rescate del
Duce Benito Mussolini de su prisión en el Hotel del Sasso, y los
"Comandos" germanos que sembraron la confusión y el desorden durante
la ofensiva de las Ardenas.
En esa acción se empleó en gran escala material
blindado tomado de los aliados, así como tanques alemanes enmascarados como
tales, capturando numerosos puestos aliados en forma sorpresiva.
Sin embargo, una de las más espectaculares operaciones
especiales la protagonizaron los hombres de la Reggia Marina, que con sus torpedos de marcha lenta y cargas magnéticas lograron en la
rada de Alejandría el increíble palmarés de hundir los acorazados británicos Valiant y Queen Elizabeth, más un petrolero en una sola acción.
¿Cómo fueron empleadas las Fuerzas Especiales argentinas en las Malvinas?
Durante el Conflicto del Atlántico Sur, las fuerzas
argentinas emplearon fuerzas especiales en dos oportunidades bien
diferenciadas; en el desembarco y ocupación de las islas en primer término, y
en su defensa en segundo.
Los "Comandos" provenían de distintas
fuerzas armadas.
El desembarco y ocupación de las Islas Malvinas
El 1 de abril de 1982, la Fragata ARA "Santísima
Trinidad" enfilaba su esbelta proa hacia el Faro San Felipe, levantando
finos bigotes de agua salada y espuma de mar.
En sus cálidas entrañas bullía una frenética actividad
proveniente de un grupo de hombres que ajustaban los últimos detalles para la
operación.
Bajo sus rostros tiznados se vislumbraban la ansiedad
y tensión previa a la acción. Eran los miembros de la Agrupación de Comandos
Anfibios, un grupo de élite, altamente entrenado de la Armada.
A las 21:00 hs iniciaron el desembarco, y navegando en
dirección a la costa pronto se perdieron de vista entre las tinieblas la
protectora silueta del navío.
Furtivamente alcanzaron la costa a las 23:45 hs, se
desplegaron e iniciaron su misión. Primero prepararon la playa para el
desembarco del Batallón de Infantería de Marina 2.
Una vez que los avezados comandos aseguraron el lugar
seleccionado para el desembarco y antes del alba, del vientre del buque de
desembarco de tanques, surgieron los grandes y pesados anfibios.
A las 06:30 horas, cuando las orugas de los
mastodontes de metal mordían la playa, y emergían majestuosamente junto al
sordo y acompasado rugir de sus motores, el BIM 2 tomó la playa sin oposición,
y poco más tarde los blindados se enfilaron decididamente hacia Puerto
Argentino y su aeródromo.
Entre tanto los comandos anfibios no tuvieron
descanso, silenciosamente se acercaron y ocuparon el cuartel de los Royal
Marines, sólo para comprobar que allí nadie había quedado.
Los marinos de Su Majestad se hicieron fuertes en la
residencia del Gobernador y en las cercanías del hipódromo. Hacia allí se
dirigieron. Entretanto las fuerzas del BIM 2 y del Ejército despejaron el
aeropuerto, cuya pista había sido bloqueada con tractores y camiones. La
agrupación de Comandos Anfibios rodeó la casa del gobernador y a las 09:00 hs
el Mayor Norman y 68 marines se rindieron.
Los marinos argentinos sufrieron bajas entre sus
hombres, más aún cumplieron estrictamente la consigna de no provocar bajas
entre los británicos.
La escena quedó inmortalizada en una fotografía que
fue tapa de las revistas más afamadas del mundo.
La operación se cumplió con todo éxito, y gran parte
de ello gracias a la acción de los comandos anfibios. Mientras se relajaron y
descansaron, los pesados transportes Hércules comenzaron a descender en el aeródromo malvinense, estableciendo el puente
aéreo, por donde fluirían hombres y subsistencia.
La defensa
La firme y decidida reacción británica no se hizo
esperar, y las fuerzas argentinas se aprestaron para defender el suelo patrio
reconquistado.
Comenzaron a fluir artillería, blindados, misiles,
abastecimientos, y por supuesto también arribaron las tropas especiales del
Ejército y Gendarmería Argentina.
El Ejército completó aceleradamente la Compañía de
Comandos 601, formación que había comenzado a organizarse a fines de 1981 y a
fines de abril se trasladó a Puerto Argentino. Poco más tarde comenzó a
organizarse la Compañía 602, con elementos convocados de distintas Unidades. A
ello se sumaron comandos de la Gendarmería Argentina.
Estas tropas fueron empleadas en tres misiones:
primero, para obtener información sobre la actividad del enemigo, mediante la
ejecución de patrullas de exploración. Segundo, para efectuar contra
exploración. Tercero, para proveer seguridad al puesto de comando del
comandante de las fuerzas destacadas en el archipiélago, ubicado en el puerto
argentino de Town Hall.
Particularmente, sobre la exploración, procedimiento
de obtención de información sobre la actividad del enemigo, cabe señalar que en
Puerto Argentino se encontraba destacado el Escuadrón de Exploración de
Caballería Blindada 10, unidades especialmente entrenadas para esta misión.
Este escuadrón se encontraba sin su material blindado a excepción de 2
autoametralladoras ligeras Panhard H90-F1.
A esta unidad se le confió algunas misiones de
exploración por medio de vehículos de todo terreno, como los Mercedes Benz.
A su vez, el escuadrón se constituyó en reserva, y
como tal, la unidad efectuó una de las más valerosas acciones al contraatacar a
pie y estar dotada sólo de armas ligeras, logrando contener y bloquear con todo
éxito el ataque británico que aconteció la noche del 11 al 12 de Junio,
evitando una segura desarticulación del dispositivo defensivo.
Otros medios de exploración destacados eran 2
secciones de AML Pahhard del Dest. Expl C B1 181 y un grupo del
Escuadrón Blindado 9. Estos vehículos se encontraban restringidos a los pocos
caminos existentes, dada la escasa transitabilidad que ofrecía el suelo
malvinense. Todos estos blindados habían sido transportados en los C-130 Hércules, y fueron empleados como reserva blindada.
Se sumaba a esto la superioridad aérea británica que
restringía, cuando no directamente impedía la exploración aérea, ya sea con
helicópteros o aviones. Ante tal estado de cosas, la responsabilidad de
explorar en la profundidad recaería en los comandos.
Su tarea no fue sencilla ya que tuvieron que enfrentar
los problemas de la eficaz contraexploración británica, la capacidad de
"guerra electrónica" británica que contaba con avanzados equipos de
radiogoniometría, por las deficientes medidas de seguridad en el empleo de las
comunicaciones por parte de las fuerzas argentinas y a causa de las duras
condiciones meteorológicas y del terreno.
Las tropas comandos contaban para enfrentar estos
problemas con su entrenamiento, iniciativa, capacidad de improvisar y valor.
Por otra parte, no es fácil lidiar con quiénes crearon
y desarrollaron el empleo de los "Comandos" hasta hacerlos parte
importante del arte militar.
Las operaciones de patrullas argentinas en la isla Gran Malvina
Existieron varias acciones efectuadas por las tropas
comandos argentinas durante la ejecución de la defensa del archipiélago.
En la isla Gran Malvina existían tropas argentinas
destacadas en Fox Bay, Port Howard y en la Isla de Bormón. Port Howard sería
base de las misiones de patrulla de los comandos destacados en la Gran Malvina.
La misión de estas patrullas era observar el desembarco de las fuerzas
británicas en Puerto San Carlos, en la orilla opuesta del estrecho homónimo.
Para ello se estableció un observatorio desde el cual
se podía ver con ciertas dificultades la concentración de navíos británicos.
No pasó mucho tiempo para que fueran localizados por
los británicos, iniciándose una intensiva búsqueda con medios aeronavales.
Los comandos argentinos pudieron eludir los esfuerzos
por capturarlos.
Y en Port Howard los comandos reiniciaron la
instalación de un nuevo puesto de observación que no resultó adecuado dada la
distancia en la se encontraba.
Durante el regreso a su base de operaciones, esta
patrulla de una docena de hombres localizó un puesto de observación de
artillería británico, integrado por 2 "Comandos", cuya misión era
reglar el fuego naval sobre Howard.
Luego de una breve escaramuza, cayó muerto un oficial
y fue hecho prisionero un suboficial. Al menos ese puesto ya no podría amenazar
Howard con el eficaz fuego naval.
¿Cómo fue el rescate en Monte Kent?
La Compañía de Comandos 602 recibió la misión de
destacar sus hombres en la zona de Monte Kent, y esperar el inminente asalto
británico, para dejarse sobrepasar e infiltrarse en su retaguardia.
El 8 de Junio la Fuerza Aérea argentina atacó a 2
buques de transportes que se encontraban prestos para desembarcar efectivos en
bahía Agradable, y se decidió anticipar la operación.
Todo marchó mal desde un principio; el enemigo se
había adelantado, pues dominaba la zona, y los comandos argentinos sufrieron
grandes bajas.
El desastre se agravó cuando un helicóptero Puma que transportaba comandos de la Gendarmería Argentina se estrelló e
incendió, ya que fue alcanzado por la defensa aérea inglesa.
Siete gendarmes murieron consumidos por las llamas en
las entrañas del pájaro de metal.
Las ennegrecidas y retorcidas chapas de aluminio le
servirán de mortaja, como el casco de acero del viejo crucero que resguardaban
los cuerpos de trescientos valerosos marinos.
Ésa es la guerra, donde la fortuna cambia a cada
momento. Los comandos sobrevivientes quedaron ilesos, heridos y aislados de
Puerto Argentino.
Sus compañeros decidieron efectuar una incursión para
rescatarlos. Sobre motos todo terreno, la Compañía de Comandos 601 se dirigió
hacia el Monte Kent. Por detrás sólo marchaban la decisión y el valor encarnado
en un puñado de hombres audaces.
Más aún, los británicos no permanecieron inactivos,
apenas alcanzaron el Monte Kent comenzaron un intenso y bien dirigido fuego de
morteros. Una de las motos fue despeñada por la explosión de un proyectil,
milagrosamente su conductor salió ileso del evento y montó en la moto de un
compañero.
El fuego se intensificó, continuar no era prudente, el
enemigo dominaba la situación y la sorpresa se había perdido.
Hicieron virar las motos y emprendieron el regreso.
Pero la incursión no fue en vano, aprovechando la distracción creada, los
comandos de la Compañía 602 lograron perder contacto y volver con la masa de
sus hombres a Puerto Argentino. Dos heridos quedaron rezagados e
imposibilitados de moverse.
En la noche, se inició una nueva y arriesgada
operación de rescate. Ese grupo de rescate vivió momentos de gran tensión y
peligro, lograron localizar a los heridos y montarlos en las ágiles
motocicletas sin ser localizados por los británicos. En retorno, el enemigo se
percató de la acción, lo que provocó un denso fuego de artillería y mortero.
Aceleraron las motos atravesando el valle y tratando
de dejar el peligro atrás, pero la artillería corrigió el fuego, martillando el
húmedo suelo.
Al aparecer las posiciones argentinas, el peligro
quedó atrás, aumentaron la velocidad, pasaron por el corredor existente en los
campos minados frente al Batallón de Infantería de Marina 5 y cuando arribaron
a la posición de la Armada, un oficial, con gesto preocupado, les dijo que el
corredor había sido cerrado media hora antes.
El grupo de rescate había cruzado por un campo minado
activado sin sufrir las consecuencias desagradables de pisar una mina. Sin
duda, la fortuna acompaña a los audaces.
Conclusiones
La experiencia de Malvinas ha demostrado una vez más
la importancia de las tropas especiales como complemento del esfuerzo
principal, particularmente en misiones que son de gran importancia para la
inteligencia propia, tales como obtener información del enemigo y terreno en
áreas que otros medios no pueden acceder.
Esto se confirmaría en la Guerra del Golfo, donde
tropas especiales, ubicadas detrás de las líneas enemigas, brindaron un gran
apoyo mediante la obtención de información y la adquisición de blancos.
Se puede concluir, diciendo que el hecho de emplear
las tropas especiales exige una detallada inteligencia previa, para prevenir
sorpresas que frustren la operación. Es más, las tropas especiales deben operar
con una estrecha vinculación con las tropas técnicas de inteligencia, algo que
los "Comandos" ingleses saben muy bien.
Debe considerarse que al ser tropas costosas, éstas
deben empeñarse solamente sobre objetivos rentables, en que no puedan emplearse
otro tipo de tropas menos especializadas.
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